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miércoles, 11 de febrero de 2026

OPINIÓN : El Sur y sus zonas protegidas: ¿obstáculo o oportunidad para un desarrollo inteligente?

 




Por Luis Medrano Volquez

Periodista – Director del programa radial Atención Pueblo por Escala 106.3 FM

Director de Colonia FM.Net

El Sur profundo de la República Dominicana, especialmente provincias como Independencia y Bahoruco, ha sido históricamente una región de grandes riquezas naturales, pero también de profundas limitaciones económicas. Paradójicamente, parte de esas riquezas están bajo la categoría de zonas protegidas, lo que ha generado un debate constante: ¿han sido estas áreas un freno al desarrollo o una oportunidad mal aprovechada?

Un territorio con muchas restricciones

En el Sur existen parques nacionales, reservas científicas y monumentos naturales que ocupan extensas áreas del territorio. Estas figuras legales limitan actividades agrícolas, industriales, mineras y hasta proyectos turísticos de gran escala.

Para comunidades con altos niveles de desempleo, migración y falta de inversión estatal, la percepción es clara:

“Tenemos tierra, pero no podemos usarla.”

Productores agrícolas se quejan de restricciones. Empresarios señalan la dificultad de invertir. Jóvenes emigran porque no encuentran oportunidades. Y mientras tanto, la pobreza sigue golpeando.

¿Protección ambiental versus desarrollo?

La intención de las zonas protegidas es noble y necesaria: preservar ecosistemas, fuentes de agua, biodiversidad y equilibrio climático. Nadie sensato puede oponerse a proteger nuestros recursos naturales.

El problema no es la protección.

El problema es la falta de un modelo de desarrollo compatible con esa protección.

El Sur no puede seguir siendo visto como un “museo ecológico” donde todo se conserva pero nada prospera. Las comunidades que viven alrededor de esas áreas necesitan participar del beneficio.

Lo que ha faltado

Planificación territorial real y participativa.

Compensación económica o incentivos especiales para las provincias más restringidas.

Impulso al ecoturismo comunitario organizado.

Programas de empleo verde y agricultura sostenible.

Aplicación efectiva de la Ley de Incentivo Fronterizo.

No se puede limitar el uso del suelo sin ofrecer alternativas económicas viables.

El Sur merece un desarrollo inteligente

Las zonas protegidas no deben ser vistas como enemigas del progreso, sino como una base para un modelo distinto de desarrollo:

Turismo ecológico bien estructurado.

Energías renovables.

Agroindustria sostenible fuera de los límites protegidos.

Proyectos productivos con acompañamiento técnico del Estado.

Inversión especial por condición fronteriza.

Si el Estado declara amplias zonas protegidas en Bahoruco e Independencia, también debe declarar prioridad nacional su desarrollo económico.

Una reflexión final

El Sur no pide privilegios.

Pide equilibrio.

No se trata de destruir montañas ni secar ríos. Se trata de crear oportunidades sin sacrificar el futuro. Porque proteger la naturaleza es correcto, pero proteger a la gente también es una obligación moral y constitucional.

El verdadero atraso no lo provocan las áreas protegidas.

Lo provoca la ausencia de políticas públicas integrales que armonicen conservación y crecimiento.

El Sur no quiere vivir de excusas.

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