Por Lincoln Minaya
En momentos en que el Partido Revolucionario Moderno (PRM) se aproxima a una de sus pruebas internas más determinantes, comienzan a perfilarse figuras llamadas a jugar roles clave más allá de las aspiraciones personales. En ese escenario, el nombre del doctor Guido Gómez Mazara emerge como una posible llave de cohesión para una organización política que, desde su nacimiento, arrastra tensiones heredadas de su cuna histórica: el Partido Revolucionario Dominicano (PRD).
Mi análisis parte de una realidad inocultable; el PRM no ha logrado desprenderse del todo de la cultura de conflictos internos, luchas de grupos y pulsos de poder que en el pasado socavaron al PRD hasta llevarlo a la irrelevancia electoral.
Este año, con la celebración de las elecciones internas para escoger la dirigencia a nivel nacional, el partido oficialista enfrenta una auténtica prueba de fuego. La forma en que administre sus diferencias marcará su destino de cara a la contienda presidencial de 2028.
En medio de ese panorama, surge la figura de Guido Gómez Mazara como un posible punto de encuentro de cara al 2028. No necesariamente desde la confrontación, sino desde la articulación política y un discurso unificador.
Discípulo del fenecido líder José Francisco Peña Gómez, Guido ha construido una trayectoria caracterizada por la valentía, claridad de ideas, lucha contra la corrupción gubernamental, la firmeza en sus posiciones, y una defensa constante de las bases partidarias.
Su desempeño como director del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel) ha sido valorado incluso por sectores ajenos al PRM, consolidándolo como uno de los funcionarios mejor ponderados de la actual administración. Gestión, coherencia y discurso parecen confluir en una figura que, en tiempos de fragmentación interna, apuesta a la unidad como premisa esencial. Y es que, como reza el adagio, barco dividido no llega a buen puerto.
El PRM, además, necesita enviar un mensaje claro al país. El escenario opositor luce definido; el liderazgo de Leonel Fernández y la proyección de Omar Fernández en la Fuerza del Pueblo, mientras el PLD intenta redefinir su rol como tercera fuerza. En ese contexto, cualquier fisura interna del oficialismo podría resultar costosa.
Las tensiones dentro del PRM ya se vislumbran. De un lado, el sector que gravita alrededor del expresidente Hipólito Mejía, con Carolina Mejía como figura visible; del otro, el proyecto político que encabeza David Collado. Son, hasta ahora, los polos más marcados de una contienda interna que promete ser intensa.
Independientemente de cómo se desarrollen esos choques y de quién resulte fortalecido o lacerado, todo apunta a que Guido Gómez Mazara tendrá un rol protagónico. Ya sea como articulador, mediador o referente dentro del partido, su presencia parece inevitable en el tablero político del PRM.
En un mundo que demanda líderes coherentes, valientes, trasparentes y capaces de unir, Guido Gómez Mazara se perfila como una de las cartas bajo la manga del oficialismo. El tiempo dirá si el PRM logra superar sus demonios internos y si esa llave de equilibrio será suficiente para intentar retener el poder más allá de 2028.

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